Si el día de Sant Jordi (23 de abril) paseáis por las calles de Cataluña y veis a miles de personas con un libro bajo el brazo, recordad este nombre: Vicent Clavel.
Este escritor valenciano fue el que, en 1927, propuso crear una fiesta para promover la lectura. Pero ojo, que la primera vez que se celebró ¡fue un 7 de octubre! ¿Cómo acabamos celebrándolo hoy entre rosas y senyeres? Nosotras os lo explicamos.
1. Un cambio de fecha por «amor» (al mercado)
Fue en 1929 cuando los libreros decidieron que octubre era un mes un poco gris para vender. Con la Exposición Internacional de Barcelona a punto de inaugurarse y la primavera en todo su esplendor, pensaron: «¿Y si lo pasamos al 23 de abril?».
La excusa cultural era perfecta: coincidía con la muerte de Cervantes y Shakespeare. Pero la realidad es que la tradición de la rosa ya estaba instaurada desde el siglo XV, y los libreros, que siempre han sido muy listos, se sumaron a la marea humana que ya salía a la calle ese día. Fue el «match» definitivo.
2. Resistir en catalán: El libro como bandera
No siempre fue una fiesta de libertad. Nosotras recordamos que durante la dictadura de Primo de Rivera y, sobre todo, durante el franquismo, nuestra lengua fue silenciada. Los primeros Sant Jordis fueron exclusivamente en castellano debido a la represión.
Fue durante el tardofranquismo y la Transición cuando Sant Jordi se convirtió en lo que es hoy para nosotras: una manifestación masiva de resistencia cultural. Salir a la calle a comprar libros en catalán era (y es) un acto político, una forma de decir que nuestra cultura no se apaga.
De hecho, el éxito fue tal que en 1995 la UNESCO decidió que nuestro día fuera el Día Mundial del Libro.

3. Cifras que marean
Para que os hagáis una idea de la magnitud de lo que hemos montado nosotras solas: solo en 2025 se vendieron más de 2 millones de ejemplares en un solo día. Es la jornada con más ventas de todo el año, demostrando que, marketing o no, la cultura nos mueve.
LA NOTA INFILTRADA: Más que una tradición, un orgullo
En Kultureta nos encanta saber que esta fiesta no nos la impuso nadie de arriba. Fue la gente la que, incluso cuando no era festivo (y sigue sin serlo, ¡qué detalle!), decidió apropiarse de las calles.
Sant Jordi es la prueba de que cuando nosotras nos unimos para celebrar la lengua y la literatura, no hay censura ni mercado que nos pare.
Bona Diada! 🙂

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