Se acabó el misterio y se desataron los brindis (y los cuchicheos). La noche de este miércoles, el Museo Marítimo de Barcelona se vistió de largo para entregar el que ya es el premio más suculento de las letras hispanas: el Premio Aena de Narrativa. En una gala con más nervios que un estreno de Vila-Matas, la escritora argentina Samanta Schweblin se alzó con el millón de euros gracias a su libro ‘El buen mal’.
A pocos días de Sant Jordi, la ciudad condal fue testigo de una «declaración de principios», como bien dijo la autora. Y es que no es solo el dinero (que también); es que, por una vez, el formato cuento le ha ganado la partida a la novela en un gran certamen internacional.
Samanta Schweblin y la justicia para los «cojos» del cuento
Samanta Schweblin, con la voz temblorosa y el «shock» todavía en el cuerpo, no perdió la oportunidad de reivindicar su oficio. «Los que escribimos cuentos corremos medio cojos», afirmó la autora de Buenos Aires, comparando su triunfo con las raras excepciones tipo Alice Munro.
Su obra premiada, ‘El buen mal’ (publicada en 2025), es un «catálogo de soledades» marca de la casa. Arranca con una madre intentando suicidarse con un yunque para acabar volviendo a casa a preparar la cena.
Puro Schweblin: esa tensión asfixiante donde lo cotidiano se vuelve una amenaza y los vínculos familiares son, a la vez, cárcel y refugio.

Polémica en la pista de aterrizaje
No todo fue literatura en la gala. El premio ha nacido rodeado de ruido. ¿Qué hace una empresa de gestión de aeropuertos dando un millón de euros a un escritor? Maurici Lucena, presidente de Aena, salió al paso de las críticas defendiendo el mecenazgo frente a la «estupefacción» de algunos sectores.
Pese a las ausencias notables (como la cúpula de Planeta, pese a tener finalistas en liza) y la sombra de la participación estatal en la empresa, la gala fue un despliegue de responsabilidad social corporativa… y de músculo cultural.
Una gala de alto vuelo
Presentada por Martina Klein y Josep Cuní, la ceremonia no escatimó en detalles. Cada libro finalista tuvo su momento artístico: desde monólogos dramáticos hasta dibujos en vivo y coreografías inspiradas en la guerra de Ucrania.
Schweblin se impuso a pesos pesados como Enrique Vila-Matas, Nona Fernández, Héctor Abad Faciolince y Marcos Giralt Torrente, quienes no se fueron con las manos vacías: 30.000 euros de «consuelo» para cada uno.
LA NOTA INFILTRADA: El «efecto yunque»
En Kultureta nos encanta que el primer millón de este premio se lo lleve un libro de relatos que habla de tirarse a un lago con un yunque.
Es una bofetada de realidad y talento que demuestra que, a veces, las grandes corporaciones también saben mirar más allá del bestseller de aeropuerto (nunca mejor dicho).
Samanta Schweblin ha puesto en jaque los mandatos de la industria y se ha llevado el gato al agua… sin ahogarse.

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