«Tití me preguntó si tengo mucha’ novia’…» ¿Te suena? Pues resulta que Bad Bunny y el Don Giovanni de Mozart comparten más ADN del que parece. 235 años separan el catálogo de conquistas de Leporello del hit mundial del puertorriqueño, pero la esencia es la misma: una lista interminable de trofeos y un deseo que nunca se sacia.
La compañía cabosanroque, maestros de la experimentación sonora, regresan al escenario de Gràcia con ‘Mil tres, say cheese’, una pieza que se pregunta qué significa ser un «seductor» en 2026. ¿Son depredadores? ¿Son hombres acomplexados que temen a las mujeres? ¿O simplemente individuos profundamente aburridos?
‘Mil tres, say cheese’: de las máquinas a la carne y hueso
Después de más de quince años creando instalaciones sonoras y dispositivos teatrales donde los humanos brillaban por su ausencia, cabosanroque da un giro de timón. Esta vez, suben al escenario a seis intérpretes de carne y hueso para reflexionar sobre la masculinidad tóxica y el papel de la mujer en este mito eterno.
Las seis protagonistas no solo actúan; se sirven de una escenografía sonora bizarra (marca de la casa) para tocar en directo fragmentos de Mozart, composiciones contemporáneas y, sí, versionar a Bad Bunny. Es un aquelarre sónico donde la alta cultura y el perreo de masas se dan la mano para darnos una lección de sociología.
El mito de Don Juan bajo el microscopio
¿Qué formas de masculinidad configuran hoy este mito? ¿En qué se ha convertido el infierno de Don Juan en la era de las apps de citas?
‘Mil tres, say cheese’ no es solo una ópera, es un espejo incómodo donde nos preguntamos si realmente hemos avanzado tanto desde que Da Ponte escribió su libreto.
¿Por qué no te la puedes perder?
- El retorno de cabosanroque: Tras años de «teatro sin actores», ver cómo integran la presencia humana con sus locas máquinas sonoras es un evento en sí mismo.
- Choque de trenes musical: Escuchar a Mozart mezclado con la rítmica del reguetón bajo un filtro experimental es una experiencia que solo el Lliure te puede ofrecer.
- Reflexión necesaria: En plena era del «me too» y de la revisión de los roles de género, mirar a Don Giovanni a los ojos es un ejercicio de justicia poética.

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