Hay noches en las que las palabras técnicas del flamenco se quedan cortas. Podríamos hablar de falsetas, de compás o de jondura, pero como bien dijo una espectadora al levantarse de su asiento en la Sala Verde: fue, sencillamente, «grandioso».
El III Festival de la Guitarra de la Comunidad de Madrid nos regaló este 25 de abril una de esas citas que se quedan grabadas en la retina. Bajo la dirección de Antonio Benamargo, el escenario recibió a dos tótems del «flamenco catalán»: Chicuelo y la gran Mayte Martín.
Minimalismo que llena el alma
Lo primero que nos cautivó a nosotras fue la puesta en escena. En un mundo lleno de pantallas y artificios, ellos apostaron por la sobriedad. Un escenario minimalista donde los protagonistas eran ellos, sentados, entregados al arte.
Pero ojo al detalle que nos robó el corazón: el panel del fondo iba mutando de color según el palo o la intención de la canción. Pasamos del morado profundo al dorado brillante y al amarillo cálido. Esos gestos tan sencillos y sensibles cambiaban por completo nuestra percepción, envolviéndonos en una atmósfera distinta para cada tema.
Fue una lección de cómo la iluminación, cuando se usa con gusto, puede ser el mejor acompañamiento para una voz y una guitarra.

Limpieza, maestría y un cierre con garra
De Chicuelo poco podemos añadir que no se sepa: su guitarra suena con una limpieza y una pureza que asusta. Es un maestro de la sonanta que sabe cuándo brillar y cuándo arropar.
Y de Mayte Martín… qué decir de esa Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes. Su cante es sereno, lleno de matices y de una honestidad artística que hoy en día es un tesoro difícil de encontrar.
Verlos trabajar juntos es asistir a una conversación perfecta entre dos viejos amigos que se respetan profundamente.
Para cerrar la velada, el baile tomó el relevo con Juan Tomás de la Molía. El bailaor gaditano puso la guinda a una noche donde el movimiento masculino cerró el círculo de una gala que rozó la perfección.
VALORACIÓN KULTURETA
🍺🍺🍺🍺🍺 (5/5 jarras. Una noche para el recuerdo)
«Chicuelo y Mayte Martín demostraron que el flamenco no necesita adornos cuando hay verdad. Una propuesta de una limpieza sonora exquisita que nos recordó por qué Madrid sigue siendo la capital mundial de la sonanta.»

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