Imagina la escena. Un teatro lleno. Una actriz, Susana Pastor, interpretando a Pilar en «Ser mujer», un monólogo satírico sobre lo que significa ser mujer. De repente, el guion se rompe. Pero no por una improvisación artística, sino por la irrupción de la política.
Cuando la censura irrumpe en el teatro (¡en pleno 2026!)
La concejala de Mujer, Noelia R. Díaz Vaca (PP), decide que lo que está viendo es una «falta de respeto» y, micrófono en mano, decreta el fin de la función.
En Kultureta nos preguntamos: ¿Desde cuándo un cargo público tiene el mando a distancia de la libertad de expresión? ¿Falta de respeto o exceso de realidad? La edil alegó que el contenido era ofensivo. Sin embargo, el público, ese que paga su entrada y decide soberanamente si quedarse o irse, respondió con un grito que ya es historia de la resistencia cultural en Madrid: “Eso es la vida real. No tiene usted derecho a interrumpir”.
El teatro, por definición, es el espacio de lo incómodo. Es el lugar donde vamos a vernos reflejados, con nuestras luces y nuestras miserias. Si un monólogo sobre el 8M escuece, es que está cumpliendo su función.
Intentar censurar un discurso feminista bajo el pretexto del «respeto» es, irónicamente, la mayor falta de respeto posible: hacia la artista, hacia el público y hacia la democracia.
¿Hacia qué clase de sociedad vamos?
Este episodio nos deja varias lecciones que no podemos pasar por alto:
- La cultura no es un escaparate: Los políticos no son comisarios estéticos. Programar una obra no te da el derecho de cancelarla si el mensaje no encaja con tu ideario personal. La cultura es un bien público, no un cortijo privado.
- La peligrosa «policía de la moral»: Si permitimos que alguien suba al escenario a encender las luces porque «se siente ofendido», estamos validando una sociedad infantilizada donde solo se permite el pensamiento plano.
- El efecto bumerán: La dimisión de la concejala y la reprogramación de la obra son victorias necesarias, pero el daño ya está hecho. El miedo a la represalia puede llevar a la autocensura de las compañías, y eso es lo que realmente debería darnos miedo.
Nota Kultureta: Pilar (la protagonista de la obra) gritaba verdades desde el escenario. La concejala intentó apagarlas, pero lo único que consiguió fue que ahora toda España quiera escuchar lo que Susana Pastor tiene que decir.
Las luces se quedan encendidas
El Ayuntamiento de Collado Villalba ha rectificado, ha pedido perdón a Xana Teatre y ha anunciado que la obra volverá. Pero la herida en la libertad de expresión tarda más en cicatrizar.
Desde aquí, nuestra solidaridad absoluta con Susana Pastor. Porque en el teatro, como en la vida, nadie tiene derecho a interrumpir el relato de una mujer. La cultura será libre, o no será.

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