La protagonista de Permagel de Eva Baltasar es una voz irónica, suicida, lésbica y profundamente poética. Y llevarla al escenario era un reto para kamikazes.
En el Teatre Texas, la apuesta de Dagoll Dagom y Barc busca materializar ese viaje interior crudo que convirtió a Baltasar en un fenómeno. ¿El resultado? Un duelo cuerpo a cuerpo entre la palabra y el vacío.
Maria Rodríguez Soto: Un animal escénico en Permagel
Si tenías dudas de si Maria Rodríguez Soto podía aguantar un monólogo de 70 minutos ella sola, ya te las puedes quitar: la actriz se come el escenario, las butacas y hasta el aire del Texas. Es, sencillamente, el personaje que nos habíamos imaginado al leer el libro.
Encarna el papel con una gran precisión: los silencios, los cambios de ritmo, esa gestualidad que transita entre el sarcasmo más ácido y la vulnerabilidad más extrema. Es imposible apartar la mirada de ella; llena cada rincón de una escena que, de entrada, parece desangelada.
El escenario: ¿Hospital o estado mental?
La escenografía es un acierto poético. Un espacio todo blanco que juega a la ambigüedad: por un lado, es la habitación de hospital donde la protagonista cuida a su sobrina; por otro, es la representación física de su «permagel», esa capa de tierra congelada con la que ha blindado su corazón para no sentir dolor.
La iluminación y las cortinas blancas son la metáfora de una coraza que empieza a agrietarse. A medida que avanza la trama, esa frialdad estructural se ve amenazada por la luz y el calor que desprende su sobrina, una niña que, sin saberlo, se convierte en el rayo de sol que amenaza con inundarlo todo.
El dilema: ¿Acción o psique?
Aquí es donde entra el debate Kultureta. La trama es sencilla pero brutal: la protagonista debe velar a su sobrina ingresada porque su hermana acaba de ser madre. Esta responsabilidad la obliga a salir de su «cueva helada» para conectar con otro ser humano.
Sin embargo, hay un «pero» para los puristas de la novela. Mientras que el libro de Baltasar es un viaje casi exclusivo por la psique laberíntica y oscura del personaje, la adaptación teatral de Albert Pijuan y Szpunberg ha optado por centrarse más en la acción física y en las divagaciones situacionales.
En el teatro, la trama del hospital adquiere una ferocidad que, por momentos, colapsa la profundidad psicológica que nos enamoró en el papel. El hielo se funde rápido bajo los focos, y a veces echamos de menos perdernos un poco más en esas grietas internas antes de que llegue el deshielo final.
VALORACIÓN KULTURETA
🍺🍺🍺🍺 (4/5 jarras. Imprescindible por la interpretación)
Permagel en el Texas es un triunfo interpretativo. Maria Rodríguez Soto dignifica la palabra de Baltasar y nos demuestra que, aunque el hielo sea grueso, siempre hay una fisura por donde entra la luz. Una obra tragicómica, inclassificable y necesaria para entender nuestras propias soledades.
El final que no te esperas
Sin hacer spoilers, quedaos con el juego de las cortinas blancas. El tramo final de la obra es uno de los momentos más emotivos y visualmente potentes que hemos visto este año. Es el cierre perfecto para entender que, detrás de las paredes heladas, siempre queda algo de esperanza. ¡Bravo por el riesgo formal!

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