CRITICA Guayominí TEATRO

‘Guayominí’: El brillo de Eurovisión y el vértigo de ser un producto de marketing

¿Qué pasa cuando tocas el cielo y, de repente, se te olvida la letra? Esa es la premisa de ‘Guayominí’, la nueva apuesta de Nave 10 (ese espacio que tanto nos gusta porque da voz a los nuevos talentos) firmada por Laura Garmo y dirigida por Pablo Martínez Bravo.

Nosotras fuimos a verla con ganas de fiesta y, aunque nos lo pasamos muy bien, salimos con la sensación de que a este caramelo le faltaba un poquito de relleno en el centro.

Guayominí: Un reparto que es puro carisma

Si hay algo que nos hizo conectar desde el minuto uno fue Omar Banana. Tiene una energía tan bonita y natural que empatizas con su personaje, Roi, al instante. Te dan ganas de abrazarlo y decirle que no pasa nada por quedarse en blanco.

Pero no está solo: el resto del elenco (Inma Cuevas, Zack Gómez-Rolls, Selu Nieto y Julia Rubio) hace un despliegue de versatilidad brutal, interpretando a mil personajes diferentes para retratar esa selva de «tiburones» que es la industria discográfica y televisiva.

El retrato de cómo la sociedad nos convierte en productos de marketing para venderlos está muy bien tirado, aunque nosotras avisamos: hay momentos en los que se pasan de rosca. El tono se vuelve tan histriónico y chillado que, entre tanto ruido, el mensaje se acaba perdiendo un poco (¡y alguna de nosotras salió con un pelín de dolor de cabeza!).

El dilema del éxito: ¿Dónde está el «click»?

La premisa nos parecía interesantísima: ¿Qué sucede cuando logras tu objetivo y, justo ahí, todo sale mal? Ese momento en el que aquello que adorabas pasa a devorarte a través de las redes sociales.

Sin embargo, para nosotras el guion se queda un poco en la superficie. Pasamos mucho tiempo viendo los preparativos de Eurovisión —que funcionan bien aunque tiran de clichés— y muy poco profundizando en el verdadero dilema de Roi. El conflicto real llega casi al final y nos supo a poco. Nosotras queríamos ver más de esa «caída libre» emocional.

El misterio de la actuación fantasma

Hay una decisión de dirección que nos dejó un poco descolocadas: nunca vemos el momento del error. Nos pasamos toda la obra oyendo hablar de la gran actuación, de los nervios previos y de las consecuencias posteriores, pero ese «blank» en directo, el corazón de la historia, sucede fuera de escena.

Creemos que haber visto ese momento de vulnerabilidad de Roi (aunque no fuera cantando literalmente) nos habría ayudado a conectar mucho más con su perdición.

VALORACIÓN KULTURETA

🍺🍺🍺 (3/5 jarras. Entretenida y muy simpática)

» ‘Guayominí’ es una propuesta ideal para una tarde de domingo: es divertida, amena y no pretende ser más de lo que es. Brilla gracias a la luz de Omar Banana, aunque nos habría encantado que se atreviera a bajar más al barro de la profundidad emocional.»

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