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El monstruo en el salón: ‘Anniversary’ y la anatomía de una devastación ideológica

Si algo nos quedó claro después de ver Corpus Christi y Hater es que al director polaco Jan Komasa le encanta meter el dedo en la llaga y hurgar en la mierda de la sociedad contemporánea.

Con ‘Anniversary’ (2025) da el salto a Estados Unidos, pero olvidaos de las típicas explosiones de Hollywood. Komasa se mete de lleno en el salón de la casa americana ideal para regalarnos un thriller asfixiante, incómodo y cargado de un cinismo que se respira en cada rincón.

Es, literalmente, la autopsia de cómo una idea fascista y antidemocrática puede dinamitar a una familia que, al principio, parecía sacada de un anuncio de Donuts.

El monstruo entra a cenar por Navidad (o por el aniversario)

La película arranca con una postal perfecta: la celebración de las bodas de plata de los padres (unos brutales Diane Lane y Kyle Chandler). Se aman, se respetan, los hijos están ahí… la viva imagen de la estabilidad liberal. Pero la felicidad dura cinco minutos. El hijo, Josh (Dylan O’Brien), que anda un poco perdido por la vida, se presenta en la reunión con su nueva novia, Anna (Madeline Brewer).

Aquí viene el primer gran giro de guion: Anna es una antigua alumna de la madre, que es profesora de universidad, y ya habían tenido sus más y sus menos porque la chica es de una ideología radical de derechas de cuidado. De hecho, la joyita está escribiendo un libro que es una auténtica tesis neofascista llamada ‘El Cambio’.

Aunque la familia intenta poner una sonrisa de plástico, ser tolerantes y apaciguar las aguas para no arruinar la fiesta, el monstruo ya ha cruzado la puerta. Y cuando le abres la puerta a un discurso integrista, sus tentáculos terminan devorándolo todo.

Saltos de año en año: La termómetro de la crispación

El gran acierto de ‘Anniversary’ es cómo está estructurada. Komasa decide enseñarnos a la familia solo una vez al año, coincidiendo con sus reuniones. A través de estas elipsis temporales, el espectador asiste en primera fila a un colapso absoluto.

En cada salto anual, el ambiente en la mesa está más crispado, las miradas son más asesinas, la ruptura del hijo con sus padres es más evidente y, lo peor de todo, vemos cómo la ideología de mierda de ‘El Cambio’ empieza a ganar fuerza y poder real en la calle.

La distopía deja de ser una teoría en un libro de una alumna resentida y se convierte en una realidad implacable. Komasa nos muestra la peligrosidad de una idea de una manera jodidamente humana: la transición de la democracia al totalitarismo a través del microrrelato vecinal. De repente, los vecinos empiezan a señalarse en el barrio, el asedio es constante y se impone la ley del «o estás conmigo o estás contra mí».

El punto de inflexión llega cuando una de las hijas, que es cómica y utiliza la sátira, se ve obligada a huir y exiliarse por hacer chistes sobre el nuevo sistema.

El veredicto Kultureta: Una bofetada de realidad

Lo que hace que ‘Anniversary’ sea un peliculón y te deje el cuerpo cortado es lo bien hilvanado que está el retrato familiar. Nos demuestra cómo los movimientos más peligrosos de la historia nunca entran con tanques, sino disfrazados de «amor», «solidaridad» y «salvación del pueblo».

Al final, solo queda el tablero roto de una familia que se quería y que ha terminado aniquilada por culpa de una sola idea. Una película necesaria, incómoda y que te recuerda que ninguna democracia es tan fuerte como nos gusta pensar.

NUESTRA VALORACIÓN KULTURETA:

🍺🍺🍺🍺🍿 (4 cavas/cervezas y una palomita. Cínica, asfixiante y necesaria)

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