alex serra barcelona 2026

Alex Serra y Totidub en Razzmatazz: Cuando el «Mundo Real» se apoderó de la pista de baile

Para nosotras, hablar de Alex Serra es hablar de un viaje. No solo de esos que se hacen con mochila —como  que le llevó cuatro años por Latinoamérica y Sudáfrica—, sino de un viaje hacia adentro.

El músico barcelonés, que se curtió colaborando con los marimbistas de los townships en Ciudad del Cabo, ha conseguido algo casi imposible: que el sonido downtempo, el dub y los ritmos afro-latinos se sientan como una medicina necesaria para los tiempos que corren.

Pero lo que vivimos ayer en Razzmatazz no fue un concierto al uso. Fue un viajazo de los buenos, una performance espiritual que nos dejó a todas descolocadas y conectadas a partes iguales.

Alex Serra nos deleitó con un inicio hipnótico

La noche no empezó con música, sino con la mente de Juanquin Caserza. Un monologuista salió a escena para hacernos entrar en el juego: una parodia (o no tanto) sobre el peso de nuestra mente y la necesidad de vivir el presente. «Cerrad los ojos», «haced como si nadie os viera»… y de repente, nosotras estábamos allí, en medio de la Razz, bailando como si estuviéramos solas en el salón de casa.

Cuando Alex Serra apareció, la atmósfera ya estaba dispuesta.  Consiguió algo que roza lo imposible que toda la sala se quedara en silencio. Un silencio de esos que sientes la vibración del cuerpo de al lado, roto solo por los paisajes sonoros que Alex y su productor Toti Arimany han perfeccionado hasta el milímetro.

Lino, máscaras y abrazos colectivos

La puesta en escena estaba cuidada al detalle. Nosotras nos fijamos en todo: desde el look de colores suaves que llevaban los músicos y bailarines, la entrada con las mascaras de animales y el juego de luces. Era puro teatro, pura ceremonia.

¿Y el público? Una mezcla fascinante de lo que nosotras entendemos como “ gente espiritual». Desde mujers colombianas vestidas de fiesta hasta rastas, parejas de pelos blancos y punks llenas de tatuajes. Todas unidas por ese mensaje de interconexión.

Alex hablaba de la red que nos une a todos, y que en los momentos que vivimos vamos a enviar luz y amor a todos los rincones del mundo. All we need is love.

Conexión total abajo, en la pista

Uno de los momentos más emocionantes de la noche fue cuando Alex bajó del escenario y se mezcló con nosotras en el centro de la pista. La gente se acercaba a tocarle buscando esa conexión física con alguien que parece vibrar en otra frecuencia.

Dos horazas de concierto es innegable que lo que hace es hermoso. Hubo momentos de una sensibilidad extrema, como cuando dedicó una canción a su hijo recién nacido, recordándonos que, al final, de eso va el «Mundo Real» que él predica: de los vínculos que nos hacen humanos.

VALORACIÓN KULTURETA

🍺🍺🍺🍺 (4/5 jarras. Una experiencia para los sentidos y el alma)

«Alex Serra convirtió la Razzmatazz en un espacio sagrado. Entre el dub de alta fidelidad y el abrazo colectivo, nos recordó que, a veces, hay que apagar la mente para empezar a sentir.»

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